La condición migratoria distingue al arte de fin de siglo. Se trata del traslado de figuras, colores,
formas de una orilla a otra, de un tiempo a otro, de una cultura a otra. Asistimo, a la ceremonia de una transición: los mensajes vienen de lejos
y se actualizan en el dialogo. Este flujo de un viaje transcontinental y plurilingüístico es literal (cruce de aduanas, lenguas y tiempos),
es simbólico (entrecruzamiento de deseos, ritos y protocolos). Por eso, en el arte actual se produce desplazamiento, el descentramiento de las
viejas nociones estables (la figura, el paisaje, el modelo) y se nos imponen los procesos anímicos (fluidez del color, transito de formas,
lenguajes de paso). Este arte migratorio declara la vulnerabilidad del cuerpo pero también el poder de su aventura. Y, además, afirma el
breve pero firme espacio de un umbral.
Estas características tienen lugar en los cuadros de Raphael Díaz, artista LatinoAmericano,
cuyo arte demuestra...