"Ventanas de Raphael Díaz".

                                                  

      La condición migratoria distingue al arte de este fin de siglo. Se trata del traslado de figuras, colores, formas de una orilla a otra, de un tiempo a otro, de una cultura a otra cultura. En el cuadro, asistimos, por eso, a la ceremonia de una transición: los mensajes vienen de lejos y se actualizan en el dialogo. Este flujo de un viaje transcontinental y plurilingüístico es literal (un cruce de aduanas, lenguas y tiempos). Pero es también simbólico (un entrecruzamiento de deseos, ritos y protocolos). Por eso, en el arte actual se produce desplazamiento, el descentramiento de las viejas nociones estables (la figura, el paisaje, el modelo) y se nos imponen los procesos anímicos (fluidez del color, transito de formas, lenguajes de paso). Este arte migratorio declara la vulnerabilidad del cuerpo pero también el poder de su aventura. Y, además, afirma el breve pero firme espacio de un umbral.

      Todas estas características tienen lugar en los cuadros de Raphael Díaz, un artista Latino - Americano afincado en Providence, cuyo arte demuestra, en esta exposición, su carácter nomádico (es un arte hijo de la gran migración hispánica de este fin de siglo) tanto su vocación de arraigo (es un arte que busca ser habitable la mezcla, darle un lugar de afincamiento a la experiencia hispánica en los Estados Unidos). Esta exhibición, por eso, no es necesariamente la ultima del siglo XX pero sí la primera muestra del arte hispánico del siglo XXI. En efecto, los elementos de la pintura de Raphael Díaz son, en primer lugar, materiales migratorios pero, en segundo termino, han forjado su propio espacio en esta orilla. Todo en ellos remite al origen, pero todo en ellos reclama un porvenir. Raphael Díaz en verdad es un artista nomadico que ha encontrado su linaje en el rico mundo latino de Rhode Island. No en vano se mueve con tanta comodidad entre la literatura dominicana y la cocina mexicana, entre la pintura puertorriqueña y la música colombiana. Dedicado a la enseñanza de arte en la escuela publica, se dedica también al fomento cultural y social de la comunidad hispánica. En los últimos años, su decisión de dejar New York e instalarse en Providence, ha probado ser decisiva para el desarrollo de su arte. Esta muestra prueba que ha logrado no sólo su madurez artística y técnica, sino el manejo diestro de su talento natural en escenas de exploración y formas de celebración. No es casual, entonces, que la ventana sea el formato plástico que ha encontrado para elaborar su mensaje. La ventana es lo que sigue al umbral. El mígrate que ha ganado el derecho a su espacio, conquista también la posibilidad de dar cuenta del mundo (evidente o soñado) desde su propia ventana.

      Estas ventanas son, en primer lugar, espacios abiertos al mundo. Pero no meros observatorios sino elaborados marcos de referencia: cada enmarcamiento del mundo es un estilo artístico, una historia cultural. La "Ausencia de paraíso" que la muestra declara como su perspectiva, se convierte en una exploración; esto es, en una convocación de sus signos. La ventana ofrece, de este lado, el mundo nuestro (plagado de injusticia, violencia y soledad); pero del otro, el mundo posible (donde los sueños son un anuncio utopista). Pero la ventana misma, su ornato, forma laboriosa, y color sensual, representa al arte, a su capacidad de focalizar y definir nuestra capacidad de ver, y de ver más. Estas ventanas vienen de lejos pero están aquí como parte de una casa del arte, y por eso dan albergue a la mirada. En el espacio de la migración, el talento plástico y colorido de Raphael Díaz ha sabido abrir un mirador privilegiado. Sus ventanas nos dan la bienvenida.

      Estas construcciones (ventanas) y figuraciones (cuerpos masculinos) tienen como característica la vivacidad de su colorido. Este pintor es capaz de darle vibración y calor a la gama colorida con que recobra espacios y cuerpos. Su color esta lleno de luz y simpatía, de contraste y sensualidad. Pero es también un color delicado y sutil, casi nostálgico de las plenitudes que el arte promete y la memoria evoca. En su gran cuadro sobre la migración Raphael Díaz pinta un gran mar encrespado donde en un barquito de papel navegan a su suerte cinco mígrantes. Son probablemente cubanos cruzando las pocas millas que se han hecho un abismo; pero también podrían ser dominicanos cruzando el estrecho que se ha vuelto una tumba. O mexicanos y centroamericanos, remontando el peligro de la frontera con los Estados Unidos, esa "cicatriz", como la llama Carlos Fuentes. Este cuadro, así, denuncia la vulnerabilidad del mígrate pero también celebra su valor, su capacidad de riesgo. Por eso, este cuadro sugiere que hemos pasado de la visión traumática de una migración condenada al ostracismo, a una visión más madura y segura del mígrate como un sujeto capaz de fundar su propio espacio.

      En esta muestra, en efecto, el nuevo arte latino anuncia su capacidad de construir un umbral forjado por la cultura hispánica, por su capacidad de dialogo, por su vocación de sumar e incluir. Estas ventanas líricas, artesanales, memoriosas, aguardan a cualquiera que sea capaz de mirar libremente. Hay que agradecerle a la calidad imaginativa y plástica de Raphael Díaz haberle añadido estas ventanas al mundo.

Julio Ortega.                            
Director del Departamento de Estudios Hispánicos.
Universidad Brown.                      

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