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América Latina vive los cambios del desarrollo industrial, en tránsito a las redes mundiales de la tecnología de la comunicación, fenómeno que implican profundas transformaciones de orden político social, espacial y cultural. En otras palabras, el proceso de globalización vino a transformar de manera radical los términos de la relación entre lo local y lo global, entre cultura y territorio, entre integración y territorio, y entre identidad y Estado–Nación. La globalización no llega a un territorio vacío, América Latina ha sido siempre un lugar de producción intelectual, un territorio con historia y desarrollo de muchas culturas prehispánicas; poblaciones americanas originarias que durante la colonización (fines del siglo XV) fueron sometidas. La tradición oral (por ejemplo), que se siguen transmitiendo de generación en generación. Sus grandes edificaciones que siguen midiéndose con el tiempo, etc., etc. En las culturas prehispánicas como en todas las civilizaciones de oriente y occidente, los mitos juegan un rol importante en la vida cotidiana de sus habitantes, quienes desde la más remota antigüedad dieron origen a una serie de deidades que representan tanto el bien como el mal, los mitos en cierto modo responden a las interrogantes sobre el origen del hombre y el universo. Nos permite precisamente argumentar un marco conceptual motivado por la magia de lo realmente maravilloso de nuestras culturas y su interacción con la vida cotidiana del mundo contemporáneo en su totalidad y no en la fracción, es decir sin límites ni fronteras. Nada de lo que se creía olvidado por la historia ha desaparecido, todo esta ahí dispuesto a surgir, la historia solo se ha desprendido del tiempo cíclico para caer en el orden de lo reciclable, la mayoría de los objetos con que convivimos a diario son desechables, de la misma manera los medios de comunicación y la tecnología construyen cotidianamente un presente cada vez más comprimido, es decir poner a circular el máximo de información en el mínimo espacio. La tecnología nos quita el tiempo que tenemos para vivir, y nos quita también el tiempo para nuestra vida espiritual, o simplemente para la contemplación de la naturaleza o la contemplación de una obra de arte. No estamos en contra de la tecnología, pero si nos preocupa la perdida de valores espirituales, no queremos que el pasado deje de ser parte de nuestra memoria y se convierta en una cita de adorno con nostalgia, que el tiempo del mito, de los eternos retornos nos sirva para reflexionar el futuro del hombre y su entorno cotidiano y nos ayude a encontrar las coordenadas y los puntos cardinales de nuestras vidas. También proponemos que la experiencia cultura latinoamericana destaque la búsqueda recurrente de reoriginalización, la conformación de un horizonte cultural compuesto por la reelaboración de los elementos simbólicos de nuestras civilizaciones pasadas y los de origen europeo o de otros continentes; (los momentos y las manifestaciones de este proceso son múltiples), se trata de una propuesta cultural que desde el plano más profundo de la subjetividad (las maneras de sentir y soñar) vincula la cotidianidad con el pasado y el futuro, brindándonos proyectos colectivos nuevos y con trascendencia.
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